Diez cosas que los pastores desean que sus congregaciones hagan por ellos

Como feligreses en una iglesia, grande o pequeña, esperamos bastante de nuestros pastores cada sábado y también en la semana. Deseamos que prediquen sermones que sean bíblicos, bien investigados y bien presentados. Deseamos que desafíen nuestras mentes, que infundan aliento a nuestros corazones sufrientes 
y nutran nuestras almas hambrientas. Esperamos que nuestros pastores
 sean cuidadores dinámicos: que visiten nuestros hogares, se relacionen con nosotros de la mejor manera posible, que oren por nosotros cuando la enfermedad o la muerte nos golpean, que empaticen con nosotros cuando perdemos nuestros empleos. Incluso hay momentos en que esperamos que los pastores experimenten nuestro dolor, que participen de nuestros momentos de alegría y que actúen como consejeros, orientadores legales y, en definitiva, como expertos. De hecho ¡esperemos demasiado de nuestros pastores!

Por un momento miremos del otro lado. Si se les diera a los pastores la oportunidad de contar lo que les gustaría que sus feligreses hicieran por
ellos, y si tuviéramos un momento o un corazón receptivo para escuchar, ¿qué oiríamos? Un pastor que ha recorrido el camino del ministerio por mucho tiempo comparte sus deseos en nombre de un sinnúmero de colegas. Aquí hay diez deseos.

–Editores

1. Ora por tu pastor. Él es el catalizador espiritual de la iglesia. Eso lo convierte en un gran objetivo para el enemigo. Ora por la salud espiritual del pastor; ora por protección; ora
 por sabiduría; ora para que los dones catalíticos de apostolado, profecía, enseñanza, evangelismo y pastoral se desarrollen muy firmemente en tu pastor. Las palabras de mayor afirmación que recibe alguna vez un pastor son: “Pastor, estoy orando por usted todos los días”. Romanos 15:30; 2 Corintios 1:11.

2. Sostén a tu pastor. En esta época, su función puede ser una de las más difíciles de este mundo. Los pastores viven en un ambiente concentrado, donde ven a diario los resultados del pecado. Mientras que la persona puede pasar ocasionalmente por el duelo, sufrir una lesión, ser víctima
 de una enfermedad o conflicto familiar, el pastor se encuentra (en tercera posición) con estas situaciones cada semana. Aunque no viva esperando recibir palabras de ánimo, estas le proporcionan un sustento para las fuerzas en tiempos traicioneros. Esos mensajes diciendo: “Pastor, usted está haciendo una diferencia”, pueden ser la motivación que lo ayude a cumplir su tarea diaria. Hechos 4:36.

3. Bendice a la familia pastoral. El estrés pastoral se filtra hacia sus allegados y es suficiente para poner a prueba los lazos familiares. Si a esto se le suman algunas expectativas absurdas acerca de cómo deberían comportarse su esposa e hijos, tenemos la receta justa para provocar una crisis familiar. El antídoto consiste en ser una bendición para la familia del pastor. Apoya a la esposa; ayuda a sus hijos; deja de lado cualquier expectativa, y vuelca en la familia pastoral las bendiciones de la gracia. Y, por supuesto, devuelve fielmente el diezmo para ayudar a que el pastor pueda recibir su sueldo con normalidad y esté exento de presiones financieras. 1 Corintios 9:14.

4. Libera al pastor de lo que no sea tan importante. Los pastores que se pasan ocupados en todo momento durante días, semanas, meses y más meses, inevitablemente se autodestruyen. Anímalo a que tome descansos semanales para la renovación espiritual, así como descansos anuales de licencia de estudios y vacaciones. Este es el pequeño precio que debes pagar a cambio de la riqueza espiritual que viene como consecuencia. 
Mateo 14:23.

5. Habla con tu pastor, no acerca de, o alrededor de él. Quejarse del pastor con otra persona es corrosivo para toda la familia de la iglesia. Escribir notas críticas anónimas es un acto
 de terrorismo espiritual –los pastores inteligentes simplemente las colocan en la basura sin leerlas. Si tienes un problema con el pastor, habla directamente con él y trata de resolverlo. Si no se puede encontrar una solución, a continuación, incluye a un líder espiritual con ustedes y sigan buscando una alternativa. Entonces (y solo entonces), si no se encuentra una solución, reúne a un grupo más amplio para dialogar con el pastor. Desafía privadamente; afirma y sostén públicamente. Mateo 18:15-17.

6. Perdona a tu pastor por no
estar a la altura de tus expectativas, 
ya que ningún pastor satisfará a la perfección tus ideales. Recuerda que tu visión de lo que un pastor debiera ser es probablemente única. Todos
 los demás en la congregación también tienen expectativas singulares 
y muchas serán mutuamente excluyentes. Tu pastor también cometerá algunos errores. Todos los pastores los hacen. Extiende a tu pastor la misma gracia que Dios te extiende a ti. Si tu pastor sabe que practica el ministerio en una congregación segura, donde reina la gracia, donde se espera que se tomen ciertos riesgos y se deplora el estancamiento, tu iglesia puede volverse espiritualmente dinámica. 
Mateo 18:21, 22.

7. Aliméntate espiritualmente. No esperes vivir en una dieta espiritual restringida de sermones semanales
 de treinta minutos. Estar siete días sin comer hace que uno se debilite. Incluso con los mejores sermones, morirás de hambre espiritualmente. El papel del pastor no es introducir la hierba en la boca de las ovejas, sino llevar a las ovejas a las praderas verdes. Ojalá al escuchar los sermones que predica, te inspires a introducirte en un estudio diario de la Palabra, acompañado de oración. Salmo 23:2.

8. Vincúlate con un grupo pequeño. No esperes que la atención primaria provenga del pastor; esto
es matemáticamente imposible, y además no es su función. El apoyo espiritual suele fluir dentro de grupos pequeños. Cuando estás conectado a un grupo pequeño que se congrega semanalmente, crecerán juntos, orarán unos por otros, cuidarán unos de otros y se apoyarán unos a otros a través de todos los altibajos de la vida. El personal pastoral puede servir como una red de seguridad para quienes no están en grupos pequeños, y para cuidar de aquellos que están en transiciones de la vida. Mateo 18:20.

9. Sigue al líder. El pastor no es 
el presidente de la congregación; ese papel está reservado para Jesús. Sin embargo, a él se le ha dado el don del apostolado, y debes tomar su ejemplo y seguir a Jesús. Deja a tu pastor liderar, ya que con el liderazgo viene 
el cambio. Las cosas serán diferentes. Desde la fundación de la iglesia, Dios ha traído una sucesión de pastores de calidad, cada uno de ellos guiando y procurando llevar a su iglesia al siguiente nivel. Dios da visión a tu pastor. Ayúdalo para darle cuerpo a la visión y luego haz tu parte para convertir la visión en realidad.
 Hebreos 13:17.

10. Ejercita tus dones espirituales. Los dones pastorales no hacen mucho por sí mismos. Sin embargo, si dejas que esos dones catalíticos energicen tus propios dones, cobrarás vida espiritual. Deja que el pastor te equipe para que tu familia eclesiástica pueda alcanzar la unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios y que pueda volverse madura, alcanzando
la mayor medida de la plenitud de Cristo. Sácale provecho a las oportunidades de enseñanza y ministerio en tu iglesia. Ubícate en lugares óptimos para el crecimiento espiritual.
 Efesios 4:11, 12.

Dave Gemmell (DMin, Fuller Theological Seminary) es secretario ministerial asociado de la División Norteamericana. Su papel es descubrir, desarrollar y distribuir recursos para los pastores de la División Norteamericana.También
se desempeña como pastor asociado voluntario en la iglesia adventista New Hope en Fulton, Maryland, EE.UU. E-mail: dave.gemmell@nad.adventist.org.

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