La respuesta es… “NO” – Dios

Especialmente hoy he meditado en las respuestas que Dios le da a nuestras peticiones. A veces Dios NO contesta de la manera que nosotros queremos que lo haga, y duele. Duele porque somos egoístas, estamos encaprichados con algo y NO vemos el panorama completo de la vida como Dios lo puede hacer. Simplemente NO logramos entender por completo las respuestas de Dios a nuestras peticiones hasta que “nos cae el 20” y decimos: “ahora lo entiendo, gracias a Dios”. Hay algo que debemos tener bien claro, y es: PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE.

“Jehová oirá cuando yo a Él clamare.” Salmos 4:3

¿Qué debo hacer? Tenía mucho tiempo orando por algo, y al decir mucho tiempo me refiero a literalmente mucho tiempo, tres años para ser especifico. Al iniciar estos tres largos años todo era ánimo y entusiasmo. Oración matutina, vespertina, en grupos de oración, ayunos, amigos y familiares se unían a favor de mi oración y todo apuntaba a que Dios me respondería pronto y lo haría de una  una manera positiva.

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Pasados unos meses el ánimo fue decayendo. Mi petición se convirtió en rutina. Deje de incluirla en mis ayunos y olvidaba ponerlo como petición de oración los miércoles a la hora del culto en las noches de poder. Mi esperanza yacía en las oraciones intercesoras de mi familia y uno que otro amigo que estoy seguro que seguía apoyándome en esto.

Tal vez había señales de la respuesta de Dios, pero somos tan tercos que, si no lo escuchamos o no lo vemos en nuestras narices NO lo acreditamos como respuesta de Dios. Necesitamos aprender a escuchar la voz de Dios a través de sus señales y de sus mensajeros. Los meses se empezaron a contar en años. Debo confesar que no fueron tres años seguidos en oración. Hubo muchos meses vacíos a “falta” de respuesta. No me siento orgulloso de confesarlo, pero es verdad. Creo que a todos nos ha pasado en algún momento, ¿no?.

Llegó la primavera del presente año 2016 y por algunos acontecimientos muy importantes en mi vida comencé a poner más empeño en orar por esta respuesta. Parecía que todo el tiempo de sufrimiento (por que se sufre al estar sin respuestas), de altibajos, de emoción momentánea y desilusiones, estaba llegando a su fin y una respuesta clara se estaba aproximando. Era muy satisfactorio ver como las cosas se acomodaban, se abrían puertas, se cerraban otras, pero todo encaminaba a una respuesta positiva y que había esperado por años.

“Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia…”           1 Reyes 9:3

La semana pasada Dios me respondió. 

No me respondió en forma de pistas que tenía que descubrir, me respondió con un fuerte y claro NO.

Sentía enojo, desesperación, frustración, decepción, entre otros sentimientos negativos. ¿Por qué tardaste tanto? pude evitarme muchas cosas. ¿Por qué me abrías puertas? me creaba falsas ilusiones. Hay muchas otras dudas como esas que aún no puedo asimilar en cuanto a la respuesta tan clara de Dios. Estas últimas semanas no conciliaba el sueño, todo el día con dolor de cabeza quejándome por todo con Dios, mas el estrés acumulado del trabajo, era una bomba de tiempo. Ser pastor no te hace exento de estas cosas.

Pero hoy, 24 de Agosto del 2016, puedo decir que comprendo su respuesta. Y aunque se que me tomará tiempo aceptarlo por completo, tal vez pensando en el… “que hubiera pasado si…”, se que a pesar de eso puedo dormir en paz porque la voluntad y la respuesta de Dios se ha manifestado claramente en mi vida hasta hoy.

Con un poco de lagrimas pero con la esperanza de que Dios busca siempre lo mejor para mi. No queda más que agradecer a Dios por estos tres largos años de espera. Aprendí a como no hacer algunas cosas y aprendí a como hacer otras de la manera correcta.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.”  –  Isaias 55:8

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” Isaias 41:10

 

Dios les bendiga y espero que podamos confiar cada día más en Dios, porque Él tiene cuidado de nosotros.

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