Quiero ser un buen ministro parte 1

En estos últimos días hay algo que los miembros de iglesia exigen cada día más, y con justa razón lo hacen, esto es, un buen liderazgo pastoral. En las iglesias se necesitan pastores con un fiel y ardiente servicio en el ministerio, pastores que tengan un conocimiento amplio de las escrituras y por supuesto que sepan guiar y equipar a sus miembros para tener una buna comunión con Dios. Los miembros no son los únicos que aclaman por un buen pastor, la administración de la iglesia está en busca de buenos líderes en el ministerio pastoral, ya que nuestra organización es una organización guiada por Dios se merece lo mejor, y por supuesto, la membrecía se lo  merece también.

Ahora surge la gran pregunta que todo futuro, o incluso la pregunta que un pastor con experiencia se hace en el ministerio, ¿Cómo puedo ser un pastor exitoso?, ¿soy un pastor de éxito si puedo aumentar la membrecía de mi distrito?, ¿sería más exitoso mi ministerio si llego a ser departamental o administrador?

Un pastor una vez dijo: “si quieres ser un buen pastor, deberías enseñarle tres cosas a tus miembros: cómo orar, cómo estudiar la Biblia y cómo compartir su fe”. Un pastor compartió una ilustración muy clara en cuanto a la diferencia de los pastores ordinarios a los pastores sobresalientes: “¿por qué un Mercedes Benz es tan costoso y un Lada (un auto ruso) es tan barato? Los dos tienen puertas, un motor, asientos y ruedas. ¡Ah! ¡Los detalles hacen la diferencia!”

(Introducción parafraseada del libro: Se busca: un buen pastor, Jonas Arrais.)

Una realidad indiscutible es la URGENCIA de buenos pastores en nuestras iglesias. A mi corta edad y aún no egresado de la Licenciatura en teología, me he percatado que en la mayoría, por no generalizar y afectar a la minoría de los pastores, hay un problema en común, y aunque me duele escribirlo, es la realidad del liderazgo pastoral en la actualidad: Un ministerio Mediocre. ¿Por qué mediocre? a continuación la etimología y definición de mediocre:

  • La palabra mediocre viene del latín mediocris (medio, común, mediano, ordinario) que se considera por muchos un compuesto de medius (medio, intermedio, central) y ocris, una palabra arcaica que significa montaña o peñasco escarpado. Así mediocris significaría en origen el que se queda a mitad de la montaña, el que está a media altura.
  • La RAE (Real academia Española) lo define de la siguiente manera:

Mediocre: (Del lat. mediocris).

1. adj. De calidad media.

2. adj. De poco mérito, tirando a malo.

Un ministerio pastoral mediocre es lo que lamentablemente se vive en muchas de las iglesias en la actualidad. En el 95% de las iglesias que he visitado, y han sido muchas a lo largo y ancho del país (México), el mayor problema del pastor es no visitar a sus miembros, ¡Error exorbitante! Un pastor que no visita a su membrecía es un pastor mediocre. Estando consientes que un pastor tiene muchas otras actividades, desde administrativas hasta personales, la visita a los miembros debe de ser una de las primeras cosas en la lista de cada pastor. Con la visita a los miembros, el pastor conoce las necesidades personales de su rebaño, y en muchas ocasiones puede averiguar las necesidades de la iglesia en general. Cuanto trabajo se ahorraría el pastor tratando de adivinar o atinarle a los problemas de su congregación, solo tiene que visitar y dirigir a sus miembros de una manera adecuada. (Si tiene una membrecía muy grande lo recomendable y que no debe faltar es por lo menos visitar a sus líderes locales: ancianos, diáconos… etc.) Solo por mencionar algo que ya se sabe.

La predicación pobre es otra de las muchas quejas que me ha tocado escuchar de la membrecía en muchas iglesias. Tengo la seguridad que Dios usa a la persona que se pone en sus manos para predicar a viva voz su palabra eterna. ¿Qué pasa entonces con las predicaciones poco amenas y con muy poco contenido? El pastor debe de separar un tiempo especialmente para el estudio de su palabra y con ello la elaboración de sermones nutritivos espiritualmente hablando. Hay pastores que tal vez no tengan una homiletica  destacada, pero cuando una persona se consagra a Dios y pone empeño en elaborar un buen sermón, Dios usara a esa persona para que el Espíritu Santo pueda tocar a esas personas que están esperando por un Salvador.

Podría seguir escribiendo sobre el lamentable trabajo mediocre pastoral, pero solo mencioné un par de ellos, no son los únicos, pero si son dos de los que diferencia a un pastor mediocre de uno con éxito.

¿Cuál es la clave para que un pastor sea de éxito? No es el resultado de una posición jerárquica, o de la culminación de un título de maestría o Doctorado. El verdadero ministerio, y no solo pastoral, viene de adentro, de lo que somos. El éxito en el ministerio se refleja positivamente si Dios está viviendo en ti. En el ministerio se puede hacer muchas cosas a favor de la iglesia, puede ser que tengas una capacidad intelectual sobresaliente, seas muy dinámico e interesante al predicar, tengas ideas revolucionarias o la energía para realizar tareas que a otros se les dificultaría mas, pero si no tienes a Dios en primer lugar en tu vida espiritual, todos esos talentos no los aprovecharas a su máximo potencial.

Como pastores, nuestro primer llamado debe de ser nutrir nuestra propia vida espiritual, nutrir nuestras necesidades del corazón y ponernos a cuentas con Dios. ¿Cómo esperamos guiar a otros si no podemos encontrarnos nosotros mismos con Dios? Esto debería de ser nuestro fundamento en nuestra vida y también en nuestro ministerio. Ocupar por lo menos una hora de nuestras actividades diarias nos ayudará a encontrarnos con Dios a través del estudio de su palabra, al entrar en contacto directo por medio de la oración y conocer el plan especial que tiene para nuestro ministerio. Dejarnos llevar por su voluntad. Trabajar con amor a Él. “El ministerio eficaz solo se desarrolla a partir de una experiencia íntima con Dios” (H.B. London Jr. y Neil B. Wiseman, pastor at risk ,Colorado Springs: Chariot Victor, 1993, p. 183.)

Termino esta primera parte con lo siguiente: una mala relación con Dios puede llevar a los ministros a un nivel alto de fatiga y frustración en su ministerio. Cuando un pastor  se olvida que el éxito en su ministerio depende de Dios, se encontrará con muchos obstáculos y se hará endeble a los problemas que pueda encontrar a lo largo de su ministerio.

La buena noticia, y vigente aún, es que tenemos a un Dios que se preocupa por su iglesia, se preocupa por las necesidades especificas de cada creyente y el tiene todo bajo control. Como ministros tenemos una responsabilidad ENORME  de poner todas nuestras facultades a su servicio, nuestra vocación es servir con amor, poner de nuestra parte para terminar el mandato divino de mateo 28, que más gente pueda obtener la vida eterna y llegar a vivir en la patria celestial junto con ellos.

Dios es un Dios de oportunidades, si hasta este momento no hemos puesto nuestro mayor esfuerzo y sentimos que somos pastores mediocres, tenemos una nueva oportunidad de hacer las cosas diferentes. No nos desanimemos por los problemas y recordemos siempre poner a Dios en primer lugar.

Misael Figueroa Aguirre

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