el infierno!

USTED TIENE UN DESTINO

“Jesucristo descendió a los infiernos. Y al tercer día resucitó de entre los muertos”

¡Vete al infierno! –le dice la esposa a su cónyuge. El esposo le contesta: ¡Ahí es donde tú vas a arder! El hijo sale de la casa y exclama: ¡Esto es un infierno, ya no lo soporto más! Tal parece que a la palabra infierno la relacionamos con todo aquello que causa dolor, pesar, angustia o sufrimiento. Pero,  cuando hablamos del infierno en la Biblia, ¿qué es lo que realmente querían decir los escritores bíblicos cuando usaron esta palabra? ¿La entendemos hoy de la misma manera que ellos? ¿O tenemos una perspectiva distinta?

Para la gran mayoría en la actualidad, el infierno es el lugar a donde van cuando mueren aquellos que hicieron lo malo en esta vida, una especie de horno fantástico donde arden día y noche, sufriendo dolores y angustias indecibles por toda la eternidad. Muchos han repudiado la religión cristiana, y han tenido un falso concepto de Dios, por causa de este falso concepto del infierno.

Para entender mejor este tema, es necesario que lo analicemos a la luz de la gran controversia entre Cristo y Satanás, entre la verdad y el error, controversia que empezó en el cielo y que continúa aquí en la tierra hasta el fin del mundo.

El primer paso hacia el engaño se dio cuando la serpiente le dijo a Eva: “no moriréis” (Génesis 3:4). Dios le dijo a Adán: “El día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Al creerle a Satanás, los seres humanos todavía sufrimos las consecuencias de su falacia. La Biblia nos dice claramente que el único que tiene inmortalidad es Dios (1 Timoteo 6:16), y que “el alma que pecare esa morirá” (Ezequiel 18:4), que los muertos nada saben (Eclesiastés 9:5-6,10), que están durmiendo hasta que sean levantados en la resurrección (S. Juan 11:23-26; 1 Corintios 15:53-55), pero a pesar de todo, muchos siguen creyendo la mentira de la serpiente, de que los seres humanos no morimos, sino que al morir continuamos viviendo, y que el alma es inmortal.

¿ES ETERNO EL INFIERNO?

Habiendo aceptado estas falsedades, lo único que faltaba agregar era la idea de  que las almas que pequen, serán castigadas eternamente en el infierno. Esa idea la tenían los egipcios en su religión, los griegos la adoptaron y le agregaron otros elementos. En los albores de la iglesia cristiana, este concepto fue integrado como parte de sus creencias. Todo esto es un engaño que el diablo ha logrado introducir para que el concepto que tengamos de Dios sea el de un tirano vengativo que se complace en castigar a aquellos que no hacen su voluntad, con los tormentos más espantosos que se pueda imaginar el ser humano. Así, el amor que Jesús manifestó en la cruz del Calvario para redimir a la raza humana, queda desvirtuado al contrastarlo con un infierno que arde eternamente para torturar a los que no aceptaron su sacrificio.

Sin embargo, esto no es lo que Dios quiere para nosotros. El destino que Dios tiene para los creyentes y para los que no creen, tiene que ser de acuerdo con su amor y su justicia, que son las dos características distintivas de su gobierno divino. “Porque yo no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos pues y viviréis” (Ezequiel 18:32). San Pedro afirma que Dios no quiere que “nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 2:9). Es absurdo pensar que aquel que “tanto amó al mundo… para que ninguno perezca, mas tenga vida eterna” (S. Juan 3:16), después se ensañe con los que le rechazaron castigándolos por toda una eternidad, por pecados que cometieron durante el corto lapso de sus vidas. Además, él nos enseñó a amar a nuestros enemigos, a orar por los que nos maltratan y maldicen (S. Mateo 5:43-48), y si después él va a castigar eternamente a los que le rechazaron, esto se parece más al carácter de Satanás que al carácter y amor divinos.

Además, la Biblia afirma que Dios ofrece como regalo la vida eterna a aquellos que lo aceptan, mas para el pecador que le rechaza, no dice que la paga es sufrimiento, o dolor o tortura, sino que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).

En las Escrituras se dice que los que hayan rechazado la redención eterna (Hebreos 9:12), serán culpables de pecado eterno (S. Marcos 3:29 en el original griego), por lo tanto serán juzgados con un juicio eterno (Hebreos 6:2), que les hará acreedores al castigo de perdición eterna (2 Tesalonicenses 1:8-9), en un tormento eterno (S. Mateo 25:26).

Todo esto pareciera que encuadra bien con un infierno eterno. Sin embargo, si lo analizamos bien, el concepto eterno en estas declaraciones no enfatiza duración sino consecuencias o resultados. No estaremos pecando eternamente, ni la redención se está realizando eternamente, ni el juicio es un proceso que durará eternamente, estos son eternos por las consecuencias que tienen. Lo mismo sucede con el castigo y el tormento, son eternos por sus consecuencias. ¿Por qué afirmo ésto? Porque la palabra eterno en la Biblia (olam en hebreo, aionos en griego), no significa inmortal o para siempre, sino que dura hasta que la persona o cosa se acaba o muere. Por ejemplo, “para siempre” (olam) en 1 Samuel 1:22; 2 Reyes 5:27; y “para siempre” (aionon) en  Filemón 15 tienen el sentido de mientras que tenga vida o existencia, no el sentido de inmortal o eterno. El sentido de “inmortal” o “para siempre” sólo se aplica a Dios o lo relacionado con él (Sal. 48:14; 93:2).

Por ejemplo, Sodoma y Gomorra fueron castigadas con fuego eterno, como un ejemplo para nosotros (S. Judas 7). Estas ciudades no están ardiendo todavía, el fuego no se apagó hasta que todo fue reducido a cenizas (2 Pedro 2:6). Si esto es un ejemplo del castigo eterno, entonces Satanás y los impíos también serán castigados con el fuego eterno (Apocalipsis 20:9-10). Este fuego no se acabará hasta que todos, de acuerdo con el castigo que merecen sus obras, sean consumidos y reducidos a cenizas (Malaquías 4:3; Ezequiel 28:18). Aquí es conveniente señalar que Biblia afirma vez tras vez que los impíos serán quemados (S. Mateo 13:41-42; 47-50), consumidos (Salmo 37:20), destruidos (Salmo 145:20), no se les dejará  ni raíz ni rama (Malaquías 4:1), todo esto confirma que el tormento es eterno, en el sentido que el fuego va a durar hasta que se acabe todo vestigio de su existencia, las consecuencias del castigo son eternas, no su duración, por eso las Escrituras afirman que Satanás para siempre dejará de ser (Ezequiel 28:19) y que los impíos serán extinguidos (Salmo 37:38). Un tormento con consecuencias eternas no con duración eterna, sí está de acuerdo con la justicia divina y con las Escrituras.

Es importante hacer notar que Cristo en la cruz del Calvario sufrió el castigo que el pecador va a sufrir al ser condenado al castigo eterno. En otras palabras Cristo sufrió el tormento eterno por nosotros los que le hemos aceptado como nuestro Salvador, y descendió al infierno (sepulcro), y fue resucitado (Hechos 2:31-32). Sin embargo, la Biblia no nos describe a Cristo sufriendo los tormentos del infierno, si es que está pagando por nuestros pecados. La redención de Cristo es eterna (Hebreos 9:12), por cuanto su sufrimiento y el dolor de la separación de la presencia y de la gloria del Padre en su sacrificio tuvieron consecuencias eternas. De la misma manera, sucederá con los pecadores, sufrirán la pena de la eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor (2 Tesalonicenses 1:9), y serán consumidos “en llama de fuego” (1 Tesalonicenses 1:8) y no les quedará “ni raíz ni rama” (Malaquías 4:1). Las consecuencias de su decisión son eternas y su castigo durará de acuerdo con sus obras, y los resultados del castigo serán eternos en sus consecuencias, no en su duración.

SEGUROS EN CRISTO

Pero lo más importante de todo es que si tienes a Cristo, tú no tienes que pasar por ninguno de estos tormentos, porque “el que tiene al Hijo tiene la vida” (S. Juan 5:12). Cristo vino para que “todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (S. Juan 3:16). Tu tienes un destino asegurado si tu vida está escondida en Cristo, porque él es la resurrección y la vida; todo aquel que cree en Jesús “aunque esté muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí (Jesús), no morirá eternamente” (S. Juan 11: 25-26). Lo único que necesitas es ir a Cristo, si tú te acercas a él, él no “te echará fuera”  aunque tus pecados sean como la grana o rojos como el carmesí (Isaías 1:18), su sangre te puede limpiar de todo pecado (1 Juan 1:9). No tardes en aceptarlo como tu Salvador, hoy es el momento, no lo dejes para después, hoy  es el tiempo aceptable, hoy es tu día de salvación.

Por: ptr. Armando Juárez

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